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Enfocando el Mar Menor (I): ¿dónde están los agricultores?

A principios de abril viajé por primera vez al Mar Menor. Había escuchado tanto en los últimos años a través de la prensa, leído tanto en los últimos meses desde que inicié mi investigación en enero, que cuando llegué no pude más que sorprenderme de la belleza y armonía que percibí. Es Mar Menor comparado con el Mar Mayor, pero de pequeño no tiene nada. De hecho es la laguna costera más grande del Mediterráneo y desde la orilla interior se percibe su final sólo a través del skyline de la Manga. En las playas del municipio de Los Alcázares se pasea con tranquilidad, se juega al voleibol y se disfruta aún de algunos balnearios. También se observan indicios de que el agua calentita de la laguna no está del todo bien y banderas negras con el caballito de mar en las ventanas como símbolo de protesta.

Durante dos días recorrí el Mar Menor de norte a sur y de oeste a este. Traté de apreciar la diversidad de paisajes y socioecosistemas que conviven allí, así como la complejidad del proceso de degradación de la laguna en el que se entrelazan múltiples causas y actores: una cuenca fuertemente transformada tras la llegada del trasvase Tajo-Segura y por el posterior despliegue de cientos de desalobradoras y canales de evaluación de salmueras; una producción agraria intensiva ligada a una economía de exportación pujante; avenidas que arrastran nutrientes, sedimentos y residuos de los campos hacia la laguna y que se añaden a los flujos paulatinos superficiales y subterráneos de agua cargada de nutrientes; una sierra minera mal sellada de la que lixivian metales pesados; un desarrollo urbanístico intensivo para turismo y segunda residencia; generación de playas que no existían; una enorme densidad de puertos con los impactos que estos generan; canales que comunican con el Mediterráneo y transforman la ecología de la laguna…Todo ello unido a un debate científico y político sobre el peso de cada uno de esos factores, una fuerte polarización social y una flagrante inacción por parte de las administraciones públicas regionales que han mirado para otro lado hasta que el agua se volvió verde en 2016, y miles de peces y otras especies aparecieron muertos en las orillas el 12 de octubre de 2019. 

En ese viaje me acompañaron personas que llevan años luchando por la conservación de la laguna, en las que percibí desazón e impotencia. No pude sino empatizar ante el enorme reto que afrontan y sus esfuerzos (sentidos) en vano. También ‘desvirtualicé’ a mi co-investigadora, Paula Zuluaga, con quien llevo pensando esto de cómo hacer co-producción de conocimiento en el Mar Menor desde febrero. Hablamos con mucha gente y mucho entre nosotras. Un interrogante se iba haciendo cada vez más grande: ¿Dónde están los agricultores? Esos agricultores que, nos cuentan, han cambiado sus prácticas de manejo de la tierra, han arrendado sus tierras a grandes empresas o pelean por mantener sus prácticas tradicionales en la madeja empresarial de la exportación. Nos dicen que el sector agrario no habla del Mar Menor, que su voz la representa ahora una fundación, y que ningún agricultor querrá hablar con nosotras. Interesante. Por ahí tendremos que empezar. 

En teoría de facilitación hay un concepto que es el de rol fantasma. Se refiere a aquellas cosas de las que no podemos hablar, que no pueden ser nombradas, bien porque las negamos socialmente, bien porque nos dan miedo o porque no somos capaces de verlas con claridad. Esos roles tienen un gran poder transformador si alguien es capaz de traerlos.

Así que nos preguntamos ¿Hay agricultores en el Campo de Cartagena que sí quieren hablar del Mar Menor?

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Interdisciplinarity: reflections from practice

In the frame of the SWAN project (2012-2016), a group of different young scientists working on water issues from different fields was created last semester. Starting from discussions of our respective theoretical backgrounds (hydrology, climate modeling, ecosystems services, societal metabolism, water footprint, institutional analysis and water conflicts), we tried to understand our respective languages and exchange concepts and ideas. From there we decided to move towards a case study together in order to build a possible integration of methodologies in a common conceptual framework to assess water management in socio-ecological systems.

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What started as a mere discussion has turn into a very deep and interesting process, questioning ourselves as individuals, as researchers and as a group. I would like to share here some reflections I made after the first 6 months working together:

– The process and outputs of conceptual modeling in a multidisciplinary group certainly follows different pathways depending on who leads the discussion and which are the backgrounds sitting on the table.

– The group is more weighted towards quantitative approaches, thus we mostly find ourselves comfortable talking about integration of variables and models, which is a kind of “physically biased” language. Dealing with inconmensurability implies dealing with those dimensions that can not be quantified and thus need qualitative research approaches to balanced the potential pathways of our process.

– Even among quantitative approaches lovers, we found epistemological obstacles in our discussions and case-study shaping. Not only our different languages and backgrounds but also different subjectivities. The question of which is our role as researchers is not irrelevant, responses are case-specific.

– So far we were unable to develop a common conceptual framework, partially because we come from very strong ones. As we start to produce scientific results we will be able to move our discussion from the abstract to the empirical – potential opportunities and obstacles for integration – and we attempt to produce the synthesis Esteban Castro mentioned as necessary step for interdisciplinarity, then come back to the conceptual.

– Since our group is a changing one, new people coming in, others leaving and each of us changing along its personal PhD, I think we need a sort of dynamic conceptual framework, semantically open not only to different context but also to different backgrounds.

– Considering that each of us sees something different when looking to the same reality and that we want to be consistent with our individual perceptions at the time build something together and with stakeholders, my feeling is that we need to find the overlapping areas of the flower: those points in which we agree and want to work together. At the same time we should explicitly recognize and respect those areas in which we prefer to work in our individual manners. This means honesty and commitment with the group and with ourselves.

On the other hand, I felt that it was actually disagreement what made us going forward in our discussions. So, even if we do not agree in some things, let’s keep talking!

– Finally, a point arosed by Carolyn Remick from the Water Center in Berkley: working on a problem oriented basis might not lead you to a cutting edge scientific paper. It is a real challenge to work with and from stakeholders, producing scientific relevant results at the time not becoming a sort of consultancy.